Liberación o Dependencia

La Patria Grande

lunes, 7 de noviembre de 2011

"SUSTITUCIÓN DE IDEAS"

Debate en el Centro Cultural Miradas al Sur
Ana Jaramillo y Ernesto Villanueva debaten sobre el tipo de formación que deberían recibir los estudiantes para aprender a innovar y resolver problemáticas sociales.


Ana Jaramillo. No creo que todas las universidades sean iguales, no existe la universidad. Hay diferencias entre las privadas y las públicas, hay diferencias entre la universidad de Buenos Aires y la de Lanús, todas tienen autonomía y todas tienen el proyecto determinado de qué es lo que quieren enseñar y para qué quieren formar y para qué país quieren formar.
Acá se debatieron varias cosas. Una, que se dice siempre, que el académico busca el qué y el político el cómo y nunca se juntan. Una de las tareas es enseñar y formar gente en el cómo, no sólo investigar el qué, sino el cómo, que es una cosa interesante.
Respecto de la despolitización y de la gestión pública, hay un chiste muy antiguo en el que un turista va a la Catedral de Notre Dame. Ve a un tipo que está picando piedra y le dice: “Qué estás haciendo”. “Estoy picando piedra”. Se encuentra con otro y dice: “Que estás haciendo”. “Yo estoy construyendo una catedral”. También puede ser la misma función pero con distintos objetivos, podes tener una misión o no. Hace mucho tiempo, también un ministro de Salvador Allende hablaba de que en América latina los que gobernaban no eran universitarios. Ahora dice que son todos universitarios, la gran mayoría, ¿entonces por qué no se puede gobernar bien?

Desde la Universidad Nacional de Lanús hemos publicado, reeditado a Carlos Matus. Él habla de ciencias horizontales y ciencias verticales. Las horizontales serian las ciencias para gobernar. A mí me tocó el gran privilegio, como le toca ahora a Ernesto (Villanueva) en la Universidad Nacional Arturo Jauretche, de crear la universidad. Soy presidenta del Consejo Internacional Asesor de la Universidad de La Paz; lo que quise crear fue una universidad que no se dirija a las disciplinas, sino que se oriente hacia los problemas. ¿Qué quiero decir con esto? Que la sociedad tiene un problema y la universidad tiene disciplina y esos asuntos tampoco se juntan. Entonces tenemos que construir un corpus epistémico, académico, para que se oriente hacia ese problema.
Lo pongo siempre con un ejemplo: la cuenca Riachuelo-Matanza. En tres universidades, la cuenca La Matanza, Lanús y Lomas estamos supuestamente estudiando el problema para ver si podemos producir o decir o investigar cómo resolverlo. Como eso no pasaba antes qué es lo que sí sucedía: la Corte Suprema decía arreglen la cuenca, el Riachuelo en dos meses y si no les pongo una multa a los intendentes, etc. La idea es que la Universidad, por lo menos la que creamos, esté orientada hacia los problemas. Con esta idea de que queremos construir una catedral decimos que la nuestra es una universidad urbana comprometida, que es todo un movimiento. Estas universidades tienen que orientarse a los problemas y ofertar, investigar y enseñar y formar personas que puedan resolver los problemas. Los que queremos que construyan la catedral serían los dirigentes.

Entonces, como ejemplo, en Lanús tenemos la carrera de Seguridad Ciudadana. Porque, ¿a quién ponían hasta ahora de ministro de Seguridad y Justicia en la provincia de Buenos Aires? A un abogado, que según se decía, no sabía nada de seguridad ciudadana. A un militar, a un policía. ¿Quién sabe algo de seguridad? ¿Dónde se aprende sobre seguridad? ¿En la carrera de Derecho? ¿En la carrera de la policía? Entonces constituimos este corpus epistémico por el cual hacemos la carrera de Seguridad Ciudadana. Se reciben policías o no, gente que pueda planificar, gestionar los problemas de seguridad que tiene nuestro territorio que son bastante importantes. En el país hay problemas de seguridad pero a las universidades es como que les pasa por el costado, también. Formamos abogados, militares, policías, pero en realidad desconocen el problema de la seguridad.

Entonces: esto no es una superposición de materias, se trata de entender un problema y esto implica investigar los problemas porque son nuevos. La seguridad, cuando se crearon las universidades, era la del Príncipe. Acá vamos a enseñar lo que es seguridad ciudadana porque cuando se crearon las universidades tampoco había ciudadanía; no existían los ciudadanos, la seguridad era la del Príncipe. En ese momento, hace más de mil años, cuando se crearon las primeras universidades en Europa, ¿quiénes las formaban? Los sacerdotes, los curas en las iglesias, el escenario era el de los conventos. De ahí viene esta famosa herencia de la escolástica. Y qué era la escolástica, era justamente problematizar el texto. Se bajaba la verdad revelada y los sacerdotes interpretaban el texto porque eran los únicos que sabían leer y escribir, tras lo cual vino la imprenta, el ciudadano, etc. Pasó mucho tiempo y, sin embargo, seguimos con el método escolástico. Seguimos discutiendo que si Lacan, que si Foucault, esto, lo otro, interpretando los textos y lo que tenemos que hacer es interpretar la realidad. Ésa es otra cosa y la verdad se construye y se modifica, no vino del cielo.
Ahora hay ciudadanos, ahora la seguridad es otra cosa, es una cosa nueva y esa cosa nueva hay que investigarla, interpretarla y hacer más que hermenéutica de libros. La hermenéutica social es otra cosa. Tenemos una carrera de Planificación Logística que tampoco existía y que yo la tengo de grado. La querían hacer de posgrado, entonces qué hacíamos, hubieran podido hacer planificación logística los abogados, ingenieros u otra cosa. Queremos que haya planificadores logísticos para toda la logística que se necesita para transporte, para distintos problemas que tiene nuestro país para los cuales no hay planificación. Las universidades no forman en planificación.

Tenemos que saber que por más voluntad que pongamos en nuestro quehacer de formadores de ciudadanos y profesionales obviamente el otro existe y el otro mueve también otra pieza. Entonces, el poder también tiene que formar parte de esa carrera de formación de hombres y mujeres para la patria, como decía Jauretche, o de ciudadanos y profesionales que sepan defender la democracia y que inventen y piensen en los modos de resolver los problemas de nuestro país. Creo que es la única posibilidad de modificar toda una cultura de la escolástica que viene desde hace más de mil años en las universidades no sólo europeas sino argentinas. Seguimos debatiendo sobre textos y no sobre los problemas, no investigamos el cómo seguimos con el qué en muchas universidades argentinas. Y creo que la única forma es ésta de pensar para actuar, no disociados. Pensar y actuar al mismo tiempo pero pensar para actuar y resolver el problema, eso es lo que nosotros queremos y estamos tratando de hacer.

Algunos dicen que este tipo de universidad es experimental. Pero ya lleva más de quince años, tuve ese gran privilegio cuando me nombraron para crearla, para poder hacer lo que nosotros pensamos durante mucho tiempo. Desde hace mucho tiempo tenemos un premio a la trayectoria al ciudadano argentino, premiamos a la trayectoria política, social, en Derechos Humanos, científicas, artísticas porque creemos que ésos son los ejemplos para nuestros estudiantes. Entonces, me parece que lo primero que tenemos que saber es que no todas las universidades son iguales, que en esto de que construimos una catedral o picamos piedra también hay mucha diferencia. Porque esa apatía de repente o esta cotidianeidad de la academia es muchas veces más difícil de cambiar, como dicen muchos, que la Iglesia. Y las universidades son las instituciones más antiguas y más conservadoras que existen en cualquier sociedad.

La idea es cambiar la cultura, modificar e invertir la escolástica y dedicarnos, en vez de seguir problematizando textos, a ser los nuevos textos, textualizar los nuevos problemas que tenemos. Por ejemplo, en las investigaciones que nosotros aprobamos, fundamentalmente, se trata de que investiguen qué es ahora la seguridad, cómo se resuelve, cuál es el problema. Otro ejemplo, otro problema que tenemos en el sistema de salud, no sólo en la provincia de Buenos Aires, sino en toda la Nación, es que hay cuatro médicos por enfermera y no viceversa, como sería la lógica. Y muchas universidades quieren formar médicos, porque es más importante ser médico que enfermera. El sistema de salud no se sostiene de esa manera. Entonces, una de las cosas que tenemos que hacer es poner, por ejemplo, enfermería para que la provincia y la Nación tengan la articulación y la dimensión de cuatro enfermeras por médico y no viceversa.

Otra cosa que creo que también es muy importante: dicen que muchas personas se oponen a la creación de nuevas universidades. Yo le dije a la señora Presidenta que íbamos a apoyar la creación de todas las universidades que fueran necesarias. En el siglo XVII Y XVIII había una universidad de la mano de los reyes de España cada 500 mil habitantes; sólo Lanús tiene 750 mil habitantes. Cuando inauguré dije que hasta para los reyes de España Lanús se merecía una universidad. Creo que es muy importante porque es una política de llevar la universidad a la gente, aquellos que por más que sea gratuita nunca van a llegar ni a La Plata ni a la Universidad de Buenos Aires porque no pudieron. Por eso, en nuestras universidades, en general las del conurbano, el promedio etario es muy alto. Porque hay mucha gente que nunca pudo y que se anota y viene y el promedio es, sobre todo al principio, de treinta años. O sea que se trata de gente que nunca pudo estudiar y ahora estudia.

Como decía un gran filósofo e historiador, toda historia es contemporánea: del otro lado de la cordillera están matando pibes por pelear para que eliminen los aranceles y poder socializar de alguna manera la educación superior. En honor al ex presidente que hizo tanto por meter y recuperar la política en los jóvenes, yo decía que este modelo lo tenemos que llamar el modelo de sustitución de importación de ideas. Y sustituir la importación de ideas implica justamente este modelo, no queremos más recetas del Fondo Monetario, no queremos más recetas del Banco Mundial, queremos que el valor agregado a nuestros recursos naturales, a nuestros productos, sean nuestras ideas, no las de los demás. De eso se trata lo que tenemos que hacer en la universidad para formar una nueva dirigencia que no haga como este abogado que dice que un golpe de estado es democrático ni que hagamos otra vez lo de los ’ 90, cuando nos endeudemos de nuevo, pongamos nuestras ideas. Creo que en vez de sustitución de importación de productos yo creo que lo deberíamos llamar sustitución de importación de ideas, me parece mucho más divertido.
Ernesto Villanueva. Recién, Gustavo (Marangoni) sintetizaba el planteo de que las transformaciones que venimos viviendo se lograron desde la política y no desde las universidades. Efectivamente, yo creo que de esa frase y ese pensamiento nosotros podríamos agarrarnos para hacer un análisis de la relación que ha habido entre universidad y dirigencia. No sólo me refiero a la dirigencia estatal, sino al concepto de dirigencia en un sentido más amplio. Esto es pensar el mundo empresario, el mundo de las estructuras sociales, etc. ¿Cuál ha sido la relación entre universidad y dirigencia? ¿En qué medida la universidad ha colaborado en la formación de dirigentes y qué tipo de dirigentes ha conformado?

Me parece que aquí nos tenemos que remontar no sólo a los últimos treinta años de democracia, sino a lo que ha sido la historia de la universidad al respecto. Hay unos ejemplos muy fuertes en relación con cuál ha sido el compromiso de la universidad para con nuestro país. Quizá son algunos ejemplos extremos pero conviene tenerlos en cuenta. Me refiero, por ejemplo, al mundo del derecho y al mundo de las cortes supremas que justificaban golpes de estado. Eso, mucho antes de los ’90, del neoliberalismo, de la caída del Muro, de la caída de la utopía socialista, etc. Me parece que durante mucho tiempo la universidad ha conformado dirigentes, ha conformado profesionales con un determinado sesgo en donde había permanentemente una doble moral hacia la sociedad. Esa doble moral se podía expresar en este ejemplo que les estoy diciendo, un miembro de la Corte Suprema, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en 1976, dice que hubo un golpe constitucional, es algo difícil de entender, es más difícil que los estudiantes que estudian ciencias políticas que se declaran apolíticos. Esto, quizás, es un ejemplo extremo, pero yo con esto quiero plantear que la orientación excesivamente profesionalista que ha habido en el mundo universitario argentino y también latinoamericano ha llevado a un cierto divorcio permanente entre el mundo de la técnica, del conocimiento específico y el mundo de los valores o el mundo de la política o el mundo del compromiso para con el país. Y esa cuestión se ha expresado en este ejemplo extremo que planteo también en el mundo empresarial. Eduardo Anguita me comentaba la frase del dueño o del gerente general de la empresa textil Cardón que decía esto con mucha crudeza en la última reunión de Ideas: abandonemos la idea de comprar dólares en lugar de invertir. No lo conozco a ese señor pero seguramente es un egresado universitario. Las universidades, desde hace mucho, conforman la dirigencia de nuestro país. Entonces, ahí vemos que hay un déficit en la formación o conformación universitaria de nuestros egresados y, por lo tanto, una proporción de egresados dirigentes.

Este divorcio ético, que también es un divorcio de compromiso, se expresó de distintas maneras en el ’66 con el golpe, en el ’76 con el nuevo golpe, en los ’90 a través de estas concepciones neoliberales, etc. Me parece que, en ese sentido, necesitamos una revisión profunda de cuál es la formación general de nuestros estudiantes y cuál la formación específica; porque una cuestión muy particular es la formación de Ciencias Políticas, en donde está temática puede expresarse en términos de corrientes más politicistas o corrientes más a favor de la gestión. ¿Pero qué formación requieren nuestros ingenieros, nuestros médicos? Reflexionemos más en general, porque esos médicos, esos ingenieros son los dirigentes. Cuando empezamos a hacer un listado de quiénes dirigen nuestro país en el mundo empresario, social o político no solamente son los egresados de Ciencias Políticas. En China, de donde acabo de venir, en el partido comunista son todos ingenieros. ¿Cómo estamos conformando a nuestros profesionales? ¿En qué aspectos de su formación hacemos hincapié en la existencia de este compromiso, en negar o evitar que haya esa doble moral? ¿Qué hincapié hacemos en la formación técnico-profesional? Uno se encuentra muchísimas veces con universitarios que son apolíticos, que nunca leen el diario. No es que el diario diga la verdad absoluta pero, la verdad, de qué sirve que alguien sepa hacer bien un puente si no sabe dónde está parado, en qué país está.

Me parece que esa relación entre formación general y formación específica es un déficit de nuestras universidades en general. No sólo en este caso hablo de las privadas, sino también de las nuestras, de las nacionales, de las federales. Muchísimas veces la formación de grado adquiere un componente técnico-profesional exacerbado, producto de intereses corporativos de los docentes; la duración de las carreras se prolonga en lugar de seis, ocho años, y ese tipo de cosas y esos estudiantes no conocen las cosas mínimas que debe conocer cualquier ciudadano argentino, no un egresado universitario. Me parece que en esa necesaria revisión de la relación que tiene que ver entre la formación general como ciudadano y la formación especifico técnica como profesional en tal área, un físico, un químico, un ingeniero electrónico, un enfermero, me parece que en esa discusión está buena parte de esta temática. Muchísimas veces se observa que la parte general es un lujo que no vale la pena. “Yo estudio química. ¿Para qué quiero conocer de la historia de mi país?”.

Éste no es un problema que existe sólo en la Argentina, pero en la Argentina es muy marcada esa situación. La formación de la dirigencia por parte de las universidades es un déficit que tiene que ver con los contenidos que se enseñan. Después podemos ver en el plano de la formación técnica que muchas veces esa formación es teoricista y no práctica y entonces es lo peor de lo peor. Hay un descompromiso en el capítulo uno de la formación general y es una formación libresca en el capítulo dos, en la formación técnico-profesional, y ni siquiera de capacidad de gestión. Entonces, encontramos muchas veces profesionales que tienen capacidad crítica respecto de lo que hacen los demás y, en la actualidad, esa capacidad crítica no tiene la capacidad de transformación.
Pero me parece que hay que dividir los dos temas: el de la formación general y qué les estamos dando a todos. Aquí hay aspectos básicos que muchas veces en nuestras universidades no se dan. Básico en temas de historia, cuestiones de lógica y hasta cuestiones de idioma. Y el tema especifico de cómo tiene que encararse la formación particular de determinada carrera. Me parece que esta cuestión es difícil de corregir en el mundo universitario, no porque haya intereses oscuros, negros, sino que muchas veces son intereses corporativos, conservadores en ese sentido. Muchas veces, la oferta universitaria se piensa excesivamente desde los intereses de los profesores realmente asistentes, no de estas necesidades. Como tengo este grupo de amigos, este grupo de amigos tiene que dar estas materias y aunque no necesite estas materias busco el grupo de profesores.

Todos los que trabajamos en las distintas universidades sabemos que esto existe como problema. Esas corporaciones docentes hacen difícil la revisión de nuestros planes de estudio. Es un tema de formación y a la vez ético. Pensemos respecto de la última dictadura: ¿hemos conseguido que alguna asociación profesional le quite el título a algunos que hicieron barbaridades? En muy contados casos, en algún médico, creo, pero en Derecho nadie. Yo creo que ese tipo de enseñanzas serían muy hermosas para el futuro, para la transformación de estos contenidos que estamos dando nosotros. Entonces,  esta cuestión de lo general y de lo específico de cada una de estas disciplinas me parece central.

Después aparece un tercer capítulo que es la especificidad propia de que no todas las universidades tienen que dar esa formación general de la misma manera. Eso tiene que ver con el territorio, tiene que ver con las dimensiones, incluso hasta tiene que ver con las características de la educación general en cada una de esas zonas. Ésas ya son cuestiones, yo diría, más particulares, o cuestiones que tenemos que tener presente para no pretender soluciones globales o únicas para todas las instituciones. Pero me parece que estos aspectos que estamos señalando son bastantes importantes: déficit en el compromiso y la formación general, déficit en la formación entre la relación de la teoría y la práctica en la profesión respectiva. Aquí lo conecto con un tema que tiene que ver con lo que decía Gustavo: la escasa capacidad empresarial de muchos de los empresarios, la escasa capacidad de emprendedores que encontramos en muchísimos egresados universitarios. Muchas veces encontramos que muchas universidades forman para que los universitarios sean empleados. Esta temática de tener poca iniciativa, de buscar refugios, se expresa en la dirigencia política y también se expresa en la dirigencia empresarial. Me parece que en ese sentido nosotros tenemos universitarios con alguna autoridad, con responsabilidad, no con autoridad. Hay que hacer una revisión profunda de lo que nosotros pretendemos de nuestras universidades de modo tal que los chicos que hoy tienen dieciocho, cuando sean dirigentes dentro de diez años, veinte años, tengan esta formación que nos asegure una Argentina distinta.
 ERNESTO VILLANUEVA 
• Lic. en Sociología por la Universidad de Buenos Aires.
• Rector de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, de Florencio Varela.
• Profesor titular e investigador en la Universidad Nacional de Quilmes, en el área de Sociología.
• Especialista en temas de educación superior, políticas universitarias y acreditación y evaluación de la calidad de la educación universitaria.
• Integrante de la Comisión Nacional de Evaluación Universitaria de Argentina, (Coneau).
• Ha sido Presidente de la Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad de la Educación Superior (Riaces) y es miembro de diversas organizaciones internacionales vinculadas a la cuestión de la calidad universitaria.
 ANA JARAMILLO 
• Dra. en Sociología y Rectora de la Universidad Nacional de Lanús.
• Licenciada en sociología de la Universidad de Buenos Aires
• Doctorada en igual disciplina por la Universidad de Ciencias Políticas y Sociales de la Unam.
• Obtuvo
la maestría en Sociología en Flacso –México– revalidada por la UBA.
• Autora
de El enigmático suicidio, presentado como tesis doctoral en la Unam, continuación de la primera investigación del libro Fueye y melancolía.
• Ha sido Consultora de la OIT en México y Perú y autora de numerosas publicaciones en México, Italia, Japón, Perú y Argentina. Desde 2003 es Miembro del Comité asesor para la Paz y Miembro del Consejo Académico del Instituto Provincial de la Administración Pública dependiente de la Subsecretaría de Gestión Pública de la Provincia de Buenos Aires (2004).

jueves, 27 de octubre de 2011

Hacia donde vamos


A la memoria de Néstor Kirchner. 27/10/2010  27/10/2011, un año sin el flaco.  
 Fragmentos del discurso de Néstor Kirchner ante la Asamblea Legislativa el 25 de mayo de 2003
Hacia donde vamos
…creo que es necesario poder compartir con ustedes algunas reflexiones:"Los objetivos de gobierno y los ejes directrices de gestión, para que el conjunto de la sociedad argentina sepa hacia dónde vamos…” Sabemos adónde vamos y sabemos adónde no queremos ir o volver"

"Es que nos planteamos construir prácticas colectivas de cooperación que superen los discursos individuales de oposición. En los países civilizados con democracias de fuerte intensidad, los adversarios discuten y disienten cooperando".

Cambio cultural
"No debemos ni podemos conformarnos los argentinos con haber elegido un nuevo gobierno. No debe la dirigencia política agotar su programa en la obtención de un triunfo electoral. Sino que por el contrario, de lo que se trata es de cambiar los paradigmas desde los que se analiza el éxito o el fracaso de una dirigencia y de un país".

"Por eso nadie piense que las cosas cambiarán de un día para el otro y sólo porque se declame. Un cambio que pueda consolidarse necesitará de la sumatoria de hechos cotidianos que en su persistencia derroten cualquier inmovilismo y un compromiso activo de la sociedad en ese cambio".

"Ningún dirigente, ningún gobernante, por más capaz que sea puede cambiar las cosas si no hay una ciudadanía dispuesta a participar activamente en ese cambio".

"Desarmados de egoísmos individuales o sectoriales, las conciencias y los actos deben encontrarse en el amplio espacio común de un proyecto nacional que nos contenga. Un espacio donde desde muchas ideas pueda contribuirse a una finalidad común".

El “nuevo modelo socio-político-económico”
"En nuestro proyecto ubicamos en un lugar central la idea de reconstruir un capitalismo nacional que genere las alternativas que permitan reinstalar la movilidad social ascendente. No se trata de cerrarse al mundo".

"No es un problema de nacionalismo ultramontano, sino de inteligencia, observación y compromiso con la Nación. Basta ver cómo los países más desarrollados protegen a sus productores, a sus industrias y a sus trabajadores".

"Se trata, entonces, de hacer nacer una Argentina con progreso social, donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres sobre la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo".

"Para eso es preciso promover políticas activas que permitan el desarrollo y el crecimiento económico del país, la generación de nuevos puestos de trabajo y una mejor y más justa distribución del ingreso. Como se comprenderá el Estado cobra en eso un papel principal, es que la presencia o la ausencia del Estado constituye toda una actitud política".

"Por supuesto, no se trata de poner en marcha una vez más movimientos pendulares que vayan desde un Estado omnipresente y aplastante de la actividad privada, a un Estado desertor y ausente, para retornar continuamente de extremo a extremo, en lo que parece ser una auténtica manía nacional que nos impide encontrar los justos, sensatos y necesarios equilibrios".

"Se trata de tener lo necesario para nuestro desarrollo, en una reingeniería que nos permita contar con un Estado inteligente".
"Queremos recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social que nos permitan cambiar nuestra realidad actual para avanzar hacia la construcción de una sociedad más equilibrada, más madura y más justa".
"Sabemos que el mercado organiza económicamente pero no articula socialmente, debemos hacer que el Estado ponga igualdad allí donde el mercado excluye y abandona".

"Es el Estado el que debe actuar como el gran reparador de las desigualdades sociales en un trabajo permanente de inclusión y creando oportunidades a partir del fortalecimiento de la posibilidad de acceso a la educación, la salud, y la vivienda, promoviendo el progreso social basado en el esfuerzo y el trabajo de cada uno".

Herramientas institucionales  para el desarrollo del cambio 
"Es el Estado el que debe viabilizar los derechos constitucionales, protegiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad, es decir, los trabajadores, los jubilados, los pensionados, los usuarios y los consumidores".

"Actuaremos como lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres y mujeres comunes que quieren estar a la altura de las circunstancias asumiendo con dedicación las grandes responsabilidades que en representación del pueblo se nos confieren".

"Estamos dispuestos a encarar junto a la sociedad todas las reformas necesarias y para ello también utilizaremos los instrumentos que la Constitución y las leyes contemplan para construir y expresar la voluntad popular".

"Vamos a apoyarnos en la Constitución para construir una nueva legitimidad de las leyes, que vaya más allá de la prepotencia del más fuerte. Un Estado no puede tener legitimidad si su pueblo no ratifica el fundamento primario de sus gobernantes".

"De la misma manera que luchamos contra la pobreza económica tendremos una conducta sin dobleces para impedir la pobreza cívica. Sólo cuando el gobierno se desentiende del pueblo es que toda la sociedad empobrece, no sólo económicamente sino moral y culturalmente".

El nuevo paradigma de integración regional
"Desde este proyecto nacional la República Argentina se integrará al mundo dando pasos concretos hacia consensos políticos basados en el fortalecimiento del derecho internacional, el respeto a nuestras convicciones, la historia y las prioridades nacionales".
"Partidarios en la política mundial de la multilateralidad como somos, no debe esperarse de nosotros alineamientos automáticos sino relaciones serias, maduras y racionales que respeten las dignidades que los países tienen".

"Nuestra prioridad en política exterior será la construcción de una América Latina políticamente estable, próspera y unida con base en los ideales de democracia y justicia social".
"Venimos desde el Sur de la Patria, desde la tierra de la cultura malvinera y de los hielos continentales, y sostendremos inclaudicablemente nuestro reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas".

"El Mercosur y la integración latinoamericana deben ser parte de un verdadero proyecto político regional".

"Nuestra alianza estratégica con el Mercosur, que debe profundizarse hacia otros aspectos institucionales que deben acompañar la integración económica, y ampliarse abarcando a nuevos miembros latinoamericanos, se ubicará entre los primeros puntos de nuestra agenda regional".

"Una relación seria, amplia y madura con los Estados Unidos de América y los Estados que componen la Unión Europea es lo que debe esperarse de nosotros".

"El estrechamiento de vínculos con otras naciones desarrolladas y con grandes naciones en desarrollo del oriente lejano, y una participación en pro de la paz y la obtención de consensos en ámbitos como la Organización de las Naciones Unidas para que efectivamente se comprometa con eficacia en la promoción del desarrollo social y económico ayudando al combate contra la pobreza".

"La lucha contra el terrorismo internacional que tan profundas y horribles huellas ha dejado en la memoria del pueblo argentino, nos encontrará dispuestos y atentos para lograr desterrarlo de entre los males que sufre la humanidad".
"La inserción comercial de la Argentina ocupa un lugar central en la agenda de gobierno".
"Consolidar la política comercial como una política de Estado permanente que trascienda la duración de los mandatos de gobierno y cuente con la concurrencia del sector privado, de la comunidad académica y de la sociedad civil en general, será un objetivo estratégico de primer orden de esta administración". 
"Profundizar la estrategia de apertura de mercados, incrementar sustancialmente nuestro intercambio con el resto del mundo.

Diversificar exportaciones hacia bienes con mayor valor agregado. Desconcentrar las ventas por destino y multiplicar el número de exportadores de modo que los beneficios del comercio exterior se derramen sobre todas las ramas productivas".

"La apertura masiva de nuevos mercados exige la negociación simultánea y permanente en todos los foros de negociación que involucren a nuestro país".
"Finalmente, no se trata de agotar en estas líneas la totalidad de los cursos de acción que seguiremos. No creemos en los catálogos de buenas intenciones. Queremos expresar el sentido y la dirección de las cosas que haremos".

"Se trata de abordar de una manera distinta los principales temas, identificando adecuadamente los verdaderos problemas de la agenda social con la finalidad de que el conjunto sepa cómo ayudar, cómo sumar, cómo ayudar a corregir".

"Pensando el mundo en argentino, desde un modelo propio, este proyecto nacional que expresamos convoca a todos y a cada uno de los ciudadanos argentinos, por encima y por fuera de los alineamientos partidarios, a poner manos a la obra en este trabajo de refundar la Patria".

La fuerza de las convicciones
"Formo parte de una generación diezmada. Castigada con dolorosas ausencias. Me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada".

"No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo. Eso constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo. Soñé toda mi vida que éste, nuestro país, se podía cambiar para bien.

Llegamos sin rencores pero con memoria. Memoria no sólo de los errores y horrores del otro. Sino que también es memoria sobre nuestras propias equivocaciones".

"Memoria sin rencor que es aprendizaje político, balance histórico y desafío actual de gestión".

miércoles, 5 de octubre de 2011

La Ciencia en el Proyecto Nacional



Una política de estado: 800 científicos repatriados
El proyecto de país que encabeza la presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, impulsa como objetivo para el Gobierno Nacional, un proyecto de país productivo e inclusivo, colocando a la ciencia, tecnología e innovación en un lugar central para el desarrollo integral de la Argentina.
Un claro ejemplo de una política de estado es el Programa Raices (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior). El programa depende del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, bajo dependencia directa de la Dirección Nacional de Relaciones Internacionales.
Este programa se caracteriza por promover y ayudar a que los científicos argentinos que se encuentran en el exterior retornen al país y también por mantener un fuerte vínculo con estos científicos. Uno de los instrumentos más valiosos son los subsidios Milstein, que permiten que instituciones del país puedan invitar a científicos argentinos en el exterior para potenciar el desarrollo nacional. Cortando con la política de expulsión de científicos que caracterizo a la Argentina, más de 800 científicos han regresado a la Argentina a través de este programa desde 2003. La base de datos del programa Raices cuenta con más de 4500 científicos y tecnólogos Argentinos relevados en el exterior.
En 2008 Cristina Fernández de Kirchner promovió que el Programa Raíces sea declarado como Política de Estado mediante una Ley. Este hecho tiene el valor de mostrar un camino, una política de estado quiere decir que va más allá de un gobierno y una coyuntura.
Distribución de los científicos y tecnólogos en el exterior.
De los científicos en el exterior se muestra que la mayoría de los trabajadores de CyT registrados se encuentran en América del Sur, Europa y América del Norte.
El programa raíces y la vinculación con científicos radicados en el exterior.
El programa Raíces ha otorgado más de 90 subsidios para financiar estadías cortas de investigación y transferencia de conocimiento y la formación de recursos humanos. El estado nacional ha financiado más de 110 visitas de trabajadores Argentinos de CyT radicados en el exterior
Distribución de repatriados.
A través del Programa Raices, el estado nacional ha repatriado más de 800 trabajadores Argentinos de CyT que radicaban en el exterior.
Más del 80% de los repatriados fue financiado por el estado nacional a través del CONICET por intermedio de becas de reinserción. Los 800 trabajadores de CyT repatriados se han reintegrado al sistema argentino deCyT por intermedio del CONICET y de las Universdades Nacionales.
Distribución de repatriados de acuerdo al área de conocimiento.
“Fuente: MincyT. www.raices.mincyt.gov.ar

jueves, 15 de septiembre de 2011

¿Qué festeja la UBA?

Marcelo Gullo*

 ¿Qué festeja la UBA? La Universidad de Buenos Aires festeja con bombos y platillos los  200 años del nacimiento del “Maestro de América”, don Domingo Faustino Sarmiento. . La Universidad de Buenos Aires seguramente festeja a su entender el nacimiento de uno de los más importantes pensadores de la historia argentina, o quizás a un hombre que soñó con una Argentina que ellos añoran y que querrían volver a restaurar “Sarmiento el soñador, sigue soñándonos”, escribió en una ocasión Borges, -otro mimado de la Universidad de Buenos- Aires, quizás, porque el país que imaginó Sarmiento en el siglo XIX, era el mismo que Borges quería ver restaurado en pleno siglo XX, luego de la caída, en septiembre de 1955, del “segundo tirano”. Pero, con qué país soñó el ilustre sanjuanino. Dejemos, en lo posible, que el mismo Sarmiento nos lo relate.

Fue Domingo Faustino Sarmiento quien preguntándose qué cosa era “civilización” y qué “barbarie”, definió que “civilización” era el idioma inglés y, “barbarie” el castellano. “Barbarie” era, para “el Maestro de “América”, todo lo autóctono, por el solo hecho de serlo y, por supuesto - y he ahí el punto que más le interesaba a Inglaterra- “civilización” era la aceptación a rajatabla de la teoría del liberalismo económico salvaje y del libre cambio absoluto. Fue Sarmiento el más brillante propagandista argentino de la teoría del libre cambio y la división internacional del trabajo. Al respecto, Manuel Gálvez, en su biografía de Sarmiento, escribe: “Nadie escribió tanto como él a favor del comercio libre, y aun fue el primero en hacerlo. Cuando cayó Rosas y con él su ley de Aduanas, nuestras industrias se arruinaron. Ya he dicho que solamente en Buenos Aires había ciento seis fábricas y setecientos cuarenta y tres talleres y que la industria del tejido florecía asombrosamente en las provincias. El comercio libre significó la entrada, con insignificantes derechos aduaneros, de los productos manufacturados ingleses, con los que no podían competir los nuestros. Y la industria argentina murió.”[1]

A tal punto llegó el desprecio por lo autóctono en la mentalidad de Sarmiento- conquistada por el imperialismo cultural anglosajón - que llegó a aconsejar, durante las guerras civiles desarrolladas en Argentina, que: “...no se ahorrara sangre de gaucho, porque era lo único que tenían de humano...” y que este, el gaucho, “... sólo servía para estiércol de la pampa”

Importa destacar que su desprecio por el gaucho solo fue superado por el que sentía hacia la población indígena. El 27 de septiembre de 1844 escribió en el diario “El Progreso”: “Por los salvajes de América sentimos una invencible repugnancia sin poderlo remediar; y para nosotros, Colocolo, Lautaro, Caupolicán, no son más que indios asquerosos a quienes habríamos hechos colgar y mandaríamos colgar ahora mismo si reapareciesen.”[2] Años después escribía en “El Nacional”, del 19 de mayo de 1857: “Logramos exterminar a los indios? : Lautaro, Rengo, y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces del progreso. El exterminio de esa canalla es providencial y útil, sublime y grande... Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño que tiene ya, el odio instintivo al hombre civilizado.”[3]

Era seguramente el país con que soñó Sarmiento un país democrático: “Los gauchos que se resistieron a votar por nuestros candidatos –exclamó exultante Sarmiento el 17 de junio de 1857- fueron puestos en el cepo o enviados a las fronteras con los indios y quemados sus ranchos. Bandas de soldados armados recorrían las calles acuchillando y persiguiendo a los opositores. Tal fue el terror que sembramos que el día 29 triunfamos sin oposición”. [4]

Era seguramente, también, el país con que soñó Sarmiento un país donde debía reinar la justicia social: “Las Cámaras no deben votar partidas para la caridad pública -sostuvo Sarmiento, el 13 de septiembre de 1859 en el Senado de la Provincia de Buenos Aires- porque la caridad cristiana no es del dominio del Estado. El Estado no tiene caridad, no tiene alma...Si los pobre se han de morir que se mueran...El mendigo es como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad que se le dé dinero...¿Qué importa que el Estado deje morir al que no puede vivir por causa de sus defectos? Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad; no se les debe dar más de comer.”[5]
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[1]. GALVEZ, Manuel, Vida de Sarmiento. El hombre de autoridad. Buenos Aires, Emecé Editores, 1945, p.662.
[2]. SUAREZ, Matías, Sarmiento ese desconocido, Buenos Aires, Ed. Theoría, 1964, p. 199.
Patria Grande _
Revista mensual de la Izquierda Nacional-Tercera Época–Año 4 Numero 36 Mes: Marzo 2011
[3]. Ibíd., p.199.
[4] Ibíd., p.185. (5) Ibid. p. 70

*Marcelo Gullo. Doctor en Ciencia Política. Profesor de la Universidad de Lanús. Asesor de la FLATEC (Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura)